Cambiar de opinión

Los adultos (padres y educadores) a menudo nos emparramos a mantener nuestra opinión a capa y espada: somos tozudos, a veces orgullosos. Cierto que es necesario mantener un criterio y no mostrar que vamos según el viento, pero entre un extremo y otro siempre hay una gama de matices importante.

Y en este punto entran en juego herramientas interesantes que ante los hijos y alumnos son interesantes porque nos muestran como personas, nos hacen mejores modelos y a la vez aumentan nuestra relación de confianza para con ellos.

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Cambiar de opinión requiere saber escuchar, matizar, pensar, intercambiar criterios… y a la vez ellos se sienten realmente valorados. A menudo hablamos de modelos de flexibilidad, ¿no puede ser un buen ejemplo cambiar nuestra opinión después de una conversación con ellos? Si además contamos que nos enriquece como personas, resulta que es bueno, bonito y barato.

¿Y qué tiene que ver esto con la educación? Evidentemente que no hay principios irrefutables, que la sabiduría de los padres y los maestros no en inmutable sino que ofrece un perfil de humanidad digno de rastrear.

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