¡No me gustan los mensajes masivos!

Comentario literal de una adolescente –recordemos, aquella especie descendiente de los humanoides cuya función de supervivencia es llevar la contraria de sus progenitores con el objetivo de la supervivencia a base de afirmar así su autoimagen–: A mí lo que me gusta es que me envíen mensajes personales, no estos mensajes prediseñados  que se mandan a todos los remitentes.

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¿Pero no habíamos quedado que luchaban, mordían, mataban por ser alguien en una comunidad de iguales?; que para ello, cuantos más likes y mejor conectados en red mejor?; que la visibilidad en su mundo se basaba en la red?

Pues, ¡oh sorpresa! (o no tanto), resulta que ansían (también, no seamos ilusos) la comunicación personal, el trato persona a persona más allá de los mensajes y los emojis impersonales mandados por doquier: Me gusta que se dirijan a mí.

Nuestros adolescentes no son tan raros: necesitan ser alguien y ser reconocidos como tales. Lo raro sería que nosotros los adultos no empezáramos a verlo similar y buscar (también) la proximidad de las personas. Seguramente ellos evolucionan más rápido por dos razones:

  • Su juventud les ofrece mayor plasticidad;
  • Son nacidos en la generación en red y evolucionan, mientras nosotros nos hemos agarrado a ella y vamos siempre a remolque suyo.

Sea como sea, no les dejemos solos y evolucionemos, sin perder lo que hemos adquirido, en la búsqueda de la proximidad de las personas y así, de paso, les acompañamos.

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